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By César Aira

Dos lúcidos y locuaces ensayos que abordan el proceso de creación artística en el campo de l. a. literatura y de las artes visuales, así como el lenguaje que se esconde detrás de las piezas de museo.

Los dos ensayos que integran este volumen fueron escritos con una década de diferencia. Sobre el arte contemporáneo es l. a. alocución con l. a. que César Aira inauguró el congreso Artescritura, que tuvo lugar en Madrid en 2010 y que se proponía como objetivo superar l. a. brecha que separa a escritores y a artistas visuales. En l. a. Habana, en cambio, parte de un recorrido por l. a. casa museo del escritor Lezama Lima, realizado durante una visita a Cuba en el año 2000, y desemboca en una crónica del viaje por los museos de l. a. ciudad y los objetos que allí se exponen.

Estos dos imponentes textos de uno de los autores clave de las letras hispanas vuelven a incidir en algunos de los temas predilectos de Aira: l. a. relación entre arte y literatura, el proceso de creación, el arte de lo incompleto y, en definitiva, los angeles veracidad de los angeles escritura.

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No hay más Picassos ni angustia de las influencias. l. a. excepcionalidad del genio quedó encapsulada en una sola figura del pasado, dejando libre el presente para los desplazamientos de una constelación de excepcionalidades provisorias y parciales. 2010 EN los angeles HABANA 1 los angeles primera mañana fui a los angeles casa de Lezama Lima. Sucedió un poco por casualidad: salí a caminar para ver los angeles ciudad, y como no hay mucho que ver porque todo está en ruinas, todo es sucio y sórdido y uno trata de pasar de largo lo más rápido que pueda, dejé atrás los angeles Habana Vieja, de pronto estaba en Prado y se me ocurrió que los angeles calle Trocadero no debía de estar lejos. Le pregunté a alguien, y aunque me dijo cualquier disparate (bienintencionado), l. a. encontré, a unos pocos pasos. l. a. dirección l. a. sabía de memoria desde chico: Trocadero 162. Pues bien, tomé por ese pasadizo mitológico, esa vía regia que ahora es una callecita rota, con charcos y montones de basura y viejos sentados en los umbrales fumando cigarros malolientes. Un cartel en el 162 indicaba que period los angeles Casa Museo de Lezama Lima. Estuve husmeando un momento por los postigos entreabiertos, sin mucha esperanza de entrar; eran las diez de l. a. mañana y todo se veía muerto. los angeles casa donde vivió Lezama es un departamento de planta baja, uno de dos perfectamente simétricos; el edificio tiene cuatro o cinco pisos. Parece una construcción del primer cuarto del siglo, bastante buena, con unos ornamentos vegetales en l. a. fachada, columnillas y entradas un tanto complicadas a primera vista; los departamentos de los angeles planta baja tienen entradas independientes y hay otra que debe de ser para los angeles escalera. Había unos timbres, pero me pregunté si valdría los angeles pena tocar. Casi había decidido irme y volver a l. a. tarde cuando salió una señora por l. a. puerta de al lado. Le pregunté si se podía visitar, y llamó a alguien. Salió otra señora, que end resultó ser l. a. directora del Museo. Me hizo pasar a una salita vacía donde dormía una pareja de jóvenes negros sobre un banco. Entreabrieron un ojo para mirarme pero no se movieron. l. a. señora me llevó al cuarto contiguo, también desnudo salvo por una mesa y una silla. Ahí le pagué tres dólares, dos por los angeles admisión, uno por los angeles visita guiada, que me haría ella misma. Este sitio donde estábamos period el segundo departamento de los angeles planta baja, que el Estado ha adquirido para usar como oficinas y depósitos del Museo, después de comunicarlo con el otro y tirar los angeles pared que dividía el patio por los angeles mitad. los angeles recorrida no pudo llevar más que unos minutos, entre cinco y diez, aun contando los discursos memorizados de los angeles guía. No había tanto para ver: los muebles son dudosos, los cuadros no son muy buenos, hay unas vitrinas con libros (pero l. a. biblioteca de Lezama l. a. donó los angeles viuda a l. a. Biblioteca Nacional) y l. a. mitad de los cuartos, que son cinco más un pasillo (la sala, el dormitorio de l. a. madre, el dormitorio del poeta, el baño, el estudio y el comedor) están vacíos y se los adorna con deplorables cuadros donados por jóvenes pintores. Todo es pequeño, minúsculo, de casa de muñecas.

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